Nacemos como una página en blanco y morimos como un libro lleno. Nuestras vidas son nuestras historias y nuestra historia es nuestra vida. No lo que literalmente sucede... sino lo que hacemos con lo que sucede, lo que  contamos y lo que recordamos.

 Desde que abrimos hasta que cerramos el libro, esta narrativa determina mucho de lo que hacemos. Nuestro vivir es seguro o peligroso, grandioso o limitado, de acuerdo a nuestra interpretación de la vida... que es nuestra historia.

 Somos los autores de una historia muy especial: no podemos cambiar los eventos pasados, pero sí cómo los contamos. También podemos escribir nuevos capítulos, diferentes de los anteriores. Nadie sabe cómo termina el libro... aunque de algo estamos seguros: nadie más que nosotros podrá escribirlo.

Mi mundo interior

 

En el universo en el que habito, mi alma se desprende en el vacío del latido cosmico.Me uno a lo atemporal y al infinito.

Existe la justicia y la equidad en los sucesos, porque no soy juez ni ejecutor de castigos impensados por la sabiduría divina.

En el universo en el que habito,vive la luz del sol, intensa fuente de energía viva, que se explaya sobre el manto oscuro de la noche.

Destellan haces de infinitas vidas y varios mundos.. Surgen del vacío a la eternidad, de la materia  a la esencia de la espiritualidad, como el rio de agua dulce, que salada se convierte en el mar.

En el universo en el que habito, trasciendo lo inminente, lo profético y lo inmortal, pues señoreo por encima de la sombra de los acontecimientos y mis ojos descubren que no hay fronteras que nos separan, solo luz que nos unen.

En el universo en el que habito, se crea el destino como forja la mano a la arcilla; no hay faro que me guie ni puerto que me espere, solo la absoluta conciencia.

 

 

 

 

Un saludo,

Carmen Luz.